CÓRDOBA, ARGENTINA.

12 septiembre
























 En junio de este año mi papá decidió tomarse un fin de semana y hacer un viaje super espontáneo a la provincia de Córdoba. Apareció en casa una mañana y dice: "Ei pame, vamos a córdoba hoy?". Yo no tenía nada planeado para ese día y me encantan las sorpresas y la espontaneidad que siempre tuvo él, aparte nunca había visitado Córdoba, así que obviamente asentí sin pensarlo dos veces. Me apuré para ducharme, armé mi mochila con ropa y necesidades y nos subimos a la moto (prácticamente un auto descapotable con dos ruedas). Desde mi ciudad creo que eran 5 o 6 horas de viaje y paramos una vez a cargar combustible y otra a comer al mediodía en una parrilla que encontramos en el camino. Anduvimos en su moto recorriendo varias ciudades y parábamos una hora en cada una para mirar y sacar algunas fotos antes de seguir. Llegó la noche, salimos a comer, caminar por el centro un poquito y por fin descansamos en un hotel en la Ciudad de Río Cuarto.
Al otro día eran las 7 de la mañana y ya sonaban los despertadores así que desayunamos y nos subimos a la moto de nuevo. Seguimos camino paseando por varios lugares hasta llegar a Villa General Belgrano donde le preguntamos a una mujer el lugar mas lindo para visitar ahora ya que era nuestro último día y nos mandó a La Cumbrecita. Otra hora de viaje sentada, aunque por suerte es increíblemente cómodo el asiento. Y este fue mi lugar favorito, encontramos un camino a una cascada que tenía bastante fama aparentemente pero era una caminata de una hora y media (un detalle que obviamente nadie nos dijo) pasando entre ramas y mil piedras enormes; muy exhaustante gente, MUY exhaustante. Algo que nos causó mucha gracia era como encontrábamos a las personas que volvían de la cascada en nuestra ida y todos llegaban muertos de cansancio pero nos alentaban a no frenar porque realmente valía la pena y en las fotos no se ve ni la mitad de hermosa que era esa cascada es vida real (también tengamos en cuenta que para esa hora mi cámara ya no tenía batería así que usábamos el celular de mi papá y no es la misma calidad). Llegamos tan sedientos que nos arrodillamos sobre una de las piedras y tomamos agua que caía de la cascada, ESTABA DELICIOSA. Sinceramente, muy muy fresca y pura, justo lo que necesitaba.
Lo que sí quiero destacar de estos lugares son las vistas. El agua es tan azul y las montañas rocosas como en esas fotos hermosas que todos vemos pero nadie cree y les digo que en persona es MIL veces mas lindo, es tan pacífico, me encanta.

En fin, después de La Cumbrecita salimos para Buenos Aires de nuevo y llegamos a las 4 de la mañana cuando la sangre ya no recorría mi cuerpo del frío, y me quedaban solo dos horas y media para dormir antes de levantarme para ir a trabajar, pero todo valió la pena. Era una escapada muy necesitada para ambos y una hermosa experiencia, disfrutamos mucho el tiempo entre papá e hija.

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